La llorada limpiadora

Nos enseñaron desde chicos a no llorar.
A no mostrar los sentimientos en público.
A ser medidos en las demostraciones.
A cuidarnos del otro.
A cuidarnos de lo que pueda pensar el otro.
Se olvidaron que todo lo que uno no dice va quedando adentro.
Se enquista. Se enferma. Se pudre.
Por eso de vez en cuando, si estás triste, no evadas sentirte mal.
Date vuelta, plantále cara a ese sentir, y llorá abrazando tu dolor, con todas las ganas, lo más fuerte que puedas y si es posible... ponéle voz: decí en voz alta lo que duele, para liberar, soltar, reiniciar.
Después te vas a sentir liviana. Con los ojos impresentables. Pero a quien le importa lo de afuera si lo de adentro tomó vuelo...

 

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Copyright © 2015 Pablo Benítez