Una siesta al sol...

Una siesta al sol, tirada en el pasto. Olvidada del mundo. Desconectada del ruido exterior. El celular apagado. Un grupo de cotorras inquietas arreglan el mundo sobre mi cabeza, en ese eucaliptus.

Los ojos se cierran y vuelo en el tiempo. Llegué a esta playa hace muchos años enamorada del amor por encima del sujeto. Y los tiempos de espanto no pudieron vencer. Aquí estoy. Amando. 

Un día solitario. Me pongo en el cuello ese adminículo de lana rosada que compré en Chartres una mañana helada, justo antes de entrar a la Catedral. Camino la playa y siento los ángeles, tal como ese día al caminar el laberinto, y mirar su rosetón.

En cada gaviota, en cada roca, en cada grano de arena, en cada catedral, en cada partícula del mundo, la presencia del Creador me suena a fiesta en las alturas.

Subo bien despacio, haraganeando las fresias. Presintiendo el fuego que pienso prender. El té. El mentolado. La gata sentada que espeja la noche. El humo de alquimia. La llama de vela. Los libros. La lavanda y el romero conversando en el florero.

Aprecio y agradezco cada detalle. La paz infinita. El calor del aire. La música suave. No hay un día, un instante, similar al otro. 

Miro cada templo: el divino (la catedral), el natural ( este lugar), el humano (mi cuerpo encarnado)....los atraviesa la línea de un tiempo sin tiempo...son uno...son todo.

Por un día en esta tierra

GRACIAS GRACIAS GRACIAS

Registros Akásicos - Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
Copyright © 2015 Pablo Benítez