Levántate y anda

LEVÁNTATE Y ANDA...

No sé que es la suerte. Algunos dicen tenerla, otros que ese tren no pasa por la puerta de su casa, y si lo hace, no los espera para subir.

En un momento de mi vida, sentí que todos los caminos estaban cerrados. Que había fallado en todas las áreas. Que aquello que la sociedad y la familia etiquetaban como importante, se había perdido.

Entonces me enrosqué sobre mí misma, un tiempo largo. Un viaje al centro de un alma dañada, asustada. Un viaje sin compañía posible, porque esas naves admiten un solo pasajero. Un viaje demasiado largo, del cual estuve a punto de no volver.

Recuerdo como si fuera hoy.6 de noviembre. Pasé por la puerta de la Iglesia Matriz, y yo, que no soy mucho de entrar, empujé la puerta y me senté en un banco. Y pedí. Pedí con tanta fuerza, con tanta intensidad, con esa entrega que sólo da el sentir que no tenés nada para perder. Y respondieron. Manifestándose en todo lo que llegó a mi vida desde ese momento en adelante.

Salí de la cueva para encontrar al mundo y animarme a vivirlo, consciente de que fue necesario todo ese tiempo para poder tomar fuerzas. Y de que en el momento en que necesité ayuda...estuvieron.

Durante muchos meses, años, cada 6 de cada mes fui a agradecer. Ahora hace un tiempo que no voy, pero sigo agradeciendo desde donde esté. Por sobre todo, agradezco ese momento único en que sentí como si en el medio del pecho, una mano tirara de mí y algo dijera: "Levántate...y anda." tal cual Jesús le dijera a Lázaro.

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Copyright © 2015 Pablo Benítez