El tiempo propio

Crecí en una política familiar de aprovechar los tiempos. Iba a colegio doble horario bilingue, al club, inglés, guitarra, piano, declamación. Y los sábados de mañana mi madre intentaba enseñarme como se hacía la compra en la feria y se llevaba una casa.

En mi familia el tiempo no era ocioso para las mujeres. Aunque mi padre se encerraba todas las mañanas en su escritorio a leer, escribir y, pipa en mano...pensar.

Mientras mi madre ,que también trabajaba de lunes a viernes, llegaba de noche y se ocupaba de mí, de él, de la casa, de poner el asfalkote en el techo y podar los árboles si hacía falta.

Mi abuela materna, que vivía con tres hombres, mi abuelo, y dos tíos, hacía lo mismo que mi madre. Pero además los domingos, mientras ellos tomaban un aperitivo, ella cinchaba del carro en la feria trayendo la comida de los humanos...y las raciones para los pájaros y otros animales de sus hombres.

Mi abuelo tenía un escritorio donde todas las tardes leía, escribía, y en tiempos ni pensados, escuchaba la radio de onda corta.

Los hombres tenían un espacio para crear, y para el ocio. Ellas no.

Por principio no voy a la feria. Lo he intentado, pero junto con las frutas y verduras, me vienen las imágenes de las mujeres de mi árbol, cinchando de carros para otros.

Pocas son las mujeres que consultan que cuentan con un espacio físico para sí mismas. Y si quieren usar alquimia o hacer algún trabajo espiritual de meditación, tienen que enfrentarse a preguntas y cuestionamientos.

Si antes el lugar de la mujer era la casa. Si ahora lo es y se le suman las obligaciones fuera....¿Cuántas contamos con un cuarto propio donde no nos interrumpan, respeten nuestro silencio y podamos simplemente pensar quiénes somos y a qué vinimos?

Bendiciones!

 

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